
¿Qué ocurre cuando le damos valor a lo inacabado?
PROCESO nació de un concepto: crear una obra que diera valor al proceso frente al resultado. Una obra inacabada construida con hilos y las historias de muchas personas.
Lo que comenzó en España acabó cruzando el Atlántico, uniéndose hasta 16 países y superando las 10.000 piezas tejidas.
Esta es la historia de ese proceso.
El comienzo: España

PROCESO comenzó en España con una propuesta sencilla: crear una obra colectiva en la que el resultado final no fuera lo más importante.
La única condición era que cada persona aportara una pieza tejida sin finalizar.
Poco a poco comenzaron a llegar piezas diferentes entre sí, creadas desde lugares distintos. El reto era llegar a 1.000 piezas de 1.000 personas diferentes.
En apenas unos meses, cientos de personas se habían sumado y 16 países habían comenzado a replicar el concepto de la obra.

La obra interviene mi casa
Las piezas no llegaron a una sala de exposiciones. Llegaron a mi casa.
Durante semanas fueron ocupando paredes y espacios cotidianos. La vivienda se convirtió en una obra en construcción que cambiaba cada vez que llegaba una nueva aportación.
PROCESO no tenía una forma definitiva. Crecía con cada persona que decidía formar parte de él.

1.000 personas, 1.000 piezas
A los pocos meses llegó la pieza número 1.000.
Detrás de aquella cifra había 1.000 aportaciones individuales que habían terminado formando una sola obra colectiva.
Pero alcanzar las 1.000 piezas no significaba terminar PROCESO. La obra estaba concebida para permanecer inacabada.
Durante dos semanas abrí las puertas de mi casa para que pudiera ser visitada.

De una casa a una exposición
PROCESO había nacido y crecido dentro de una casa, pero la obra comenzó a ocupar otros espacios.
Las piezas salieron del entorno doméstico para convertirse en una instalación abierta al público. Lo que había comenzado con aportaciones individuales podía ahora recorrerse como una obra colectiva.
Pero PROCESO todavía podía crecer más. La propuesta también se extendió a otros países, donde personas y comunidades reunieron sus propias piezas y crearon nuevas instalaciones de PROCESO.

Argentina: la obra cruza el Atlántico
En Argentina, PROCESO tomó forma en una instalación propia. Verónica Melcer como coordinadora y distintas comunidades de tejedoras impulsaron la propuesta y movilizaron a cientos de personas.
Reunieron alrededor de 2.800 piezas, muchas acompañadas de cartas, mensajes e historias personales.
Una misma idea estaba dando lugar a obras distintas, construidas con las aportaciones y las historias de cada comunidad.

Historias tras las piezas
Con las piezas comenzaron a llegar también cartas, mensajes e historias personales.
Personas que no se conocían estaban participando en una misma obra desde lugares diferentes. El tejido era el punto de partida, pero alrededor de él empezaban a aparecer relaciones, conversaciones y vínculos inesperados.
PROCESO empezaba a hablar menos de tejido y más de personas.

PROCESO en 16 países
La propuesta de crear una obra colectiva con piezas inacabadas se extendió por otros países. Organizadoras y comunidades de distintos lugares se sumaron y llevaron la idea a sus propios contextos.
PROCESO fue creciendo también en esos encuentros: personas que se reunían para tejer, compartir tiempo y construir una obra entre todas.

Una obra que sigue inacabada
PROCESO nunca buscó llegar a una forma definitiva. Cada pieza, cada persona y cada lugar han ido transformando la obra.
Lo que comenzó como una reflexión sobre el valor del proceso terminó convirtiéndose también en una experiencia sobre participación, historias, vínculos y comunidad.
Porque en PROCESO, terminar nunca fue el objetivo.

PROCESO España–Argentina: una nueva etapa
La experiencia de PROCESO en España y Argentina abrió una posibilidad: volver a reunir las obras y las historias que han surgido a ambos lados del Atlántico.
Queremos desarrollar una nueva etapa junto a espacios culturales e instituciones interesadas en acoger una exposición y actividades abiertas al público. La propuesta puede incluir encuentros de tejido, conversaciones con participantes y la recogida de las historias que acompañan a las piezas. Su forma concreta se diseñará con cada espacio y con las comunidades implicadas.
Nos interesa que quienes visiten PROCESO puedan conocer la obra, pero también a las personas y los vínculos que la hicieron posible.
Si formas parte de un centro cultural o una institución y quieres explorar una colaboración en España o Argentina, puedes escribirnos a través de la sección de Contacto de esta web. La coordinación de PROCESO en Argentina está a cargo de Verónica Melcer.
Colaboraciones y agradecimientos
Coordinación de PROCESO en Argentina
Verónica Melcer – Instagram: @tallerlasmadronias
Además de España y Argentina, entre las participaciones más activas estuvieron Colombia, con Adriana Cardona; Uruguay, con Nilda y Laura; Puerto Rico, con Kat Montero; Perú, con Verónica Vergara; Venezuela, con Migdhalia Cubillán; Ecuador, con Marcela Gaviria; y Chile, con Bianca Argadoña.
Colaboraciones en España:
PROCESO contó en España con la colaboración de Lanarte, de Alicante, y de las asociaciones de tejedoras de Torrellano y Agost. Encarni y María colaboraron uniendo las piezas que forman la obra. Salomé con las fotos. Lola con la logística.
Colaboraciones en Argentina:
PROCESO creció en Argentina gracias a tejedoras y tejedores de todo el país y a una red de personas y espacios que acompañaron la recepción de piezas, los encuentros y la exposición.
Materiales y experiencias textiles
Puntos y Tramas aportó hilados y agujas para el espacio de tejido. Huanaco participó con un espacio sensorial y de charlas sobre sus hilados. Patricia Gómez compartió el proceso de hilado en rueca mediante demostraciones y experiencias abiertas al público.
Espacio de tejido
Participaron las profesoras Gisela Méndez, Cristina Gutiérrez y Romina Kenny. Luciana Chaparro aportó el patrón ALUEN, una muñequita quitapena que los visitantes pudieron tejer.
Participaciones artísticas
Verónica Parodi realizó una presentación musical y Melisa Melcer interpretó el texto «Tejer es de abuelitas: derribando mitos».
Espacios y encuentros
Córdoba Teje, Lanapalooza y Casa Tramar facilitaron espacios para recibir piezas y realizar encuentros de tejido y unión. La Hebra Conectiva aportó materiales para el taller en Lanapalooza. En Santa Elena, Entre Ríos, Tacalanas y Esther Bogado acompañaron los encuentros y la recepción de piezas, con la participación de Cultura y Turismo de Santa Elena.
Diseño y montaje
Diana Buffetti, Marcela Gaitán y Mariana Fontana colaboraron en el diseño, la arquitectura y el montaje. María Torrilla aportó mobiliario.
Un agradecimiento especial a Mariana Aguerreberry y a todas las personas que aportaron piezas, tiempo y trabajo para que la obra siguiera creciendo.